La desinformación sobre la carne de cerdo

La saturación de información que caracteriza la época actual en la que vivimos provoca, al mismo tempo, que exista una desinformación en la sociedad acerca de determinados temas, como la nutrición. Un claro ejemplo de ello es el desprestigio que en los últimos años ha sufrido la carne de cerdo.

 

A diferencia de otras carnes cuya clasificación entre carne roja o blanca es muy clara, la carne de cerdo no puede definirse con la misma sencillez. Esta se clasifica en carne roja o blanca en función de la parte del cuerpo de la que proceda el corte. Así pues, un corte como puede ser el del lomo de cerdo es considerado carne blanca, un tipo de carne que la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) recomienda consumir entre tres y cuatro veces por semana.

Además, la composición de la carne de cerdo goza de una serie de factores estructurales, nutricionales y organolépticas que se asemejan a la carne blanca. Dentro de su composición se ha de destacar que la presencia de ácidos grasos monoinsaturados (48%) es mayor que la de saturados, además de ser rica también en poliinsaturados (alrededor del 15%). Por otro lado, la calidad de la grasa de la carne de cerdo –siendo esta calidad un factor de gran importancia– se semeja a la de otras carnes blancas.

También cabe destacar la presencia de vitaminas B1 y B6 en su composición, las cuales juegan un papel imprescindible para nuestro metabolismo y para que nuestro cuerpo pueda hacer un correcto aprovechamiento energético de los carbohidratos y las proteínas.

Por todo esto, Fatro ha considerado oportuna la puesta en marcha de su iniciativa Carne Muy Sana, otorgando así su apoyo al consumo de la carne de cerdo como alimento necesario dentro de una alimentación equilibrada.

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